Liga Endesa

A galeras a remar

A galeras a remar
Borja Agudo

El RETAbet empequeñece en la segunda parte y echa por tierra veinte minutos de buen juego y dominio

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Bipolar. Salió cuando menos se esperaba la patología tantas veces vista esta campaña. Un Bilbao Basket con dos caras, con anverso y reverso acuñados con distinto valor. De un gran primer cuarto que concluyó con una buena nota en el balance de la primera mitad a sufrir una parálisis permanente para la que no encontró remedio. Cuando no fallar era más que una prioridad una exigencia, los hombres de negro se vieron envueltos en una concatenación de dudas, malas decisiones e inferioridad que permitió al Obradoiro venirse arriba, crecer y llevarse un partido con el que, visto lo ocurrido hasta el intermedio, no contaba.

Era la ocasión para abrir gas y alejarse del tormento, para cerrar la primera vuelta con siete muescas en la culata y la sensación más que de alivio de ánimo aventurero ante la nueva pantalla a afrontar, menos dramática que la que arrancó en octubre. Pero toca volver a galeras a remar. El público acabó francamente quemado con el arbitraje, pero no fue en absoluto de los que se recordarán por determinantes. Los gallegos impusieron, al verse perdidos, la regla física para medir las diferencias y ahí entregó la cuchara Mrsic y su séquito.

74 RETAbet Bilbao Basket

: Tabu (14), Todorovic (21), Hammick (2), Hervelle (4) y Devin Thomas (5) -cinco inicial-, Fischer (3), Redivo (7), Pere Tomás (6), Mumbrú (10) y Vucetic (2).

84 Monbus Obradoiro

Sabat, Matt Thomas (17), Laksa (2), Radovic (9) y Pustovyi (19) -cinco inicial- Pozas (3), Navarro, Corbacho (6), Bendzius (12), Llovet (8), Spires (8) y Simons.

Parciales
21-10, 41-34 (descanso); 49-56 y 74-84 (final).
Árbitros
Daniel Hierrezuelo, Rafael Serrano Víctor Más. Eliminados por faltas personales Pustovyi (m.40).
Incidencias
Partido correspondiente a la decimoséptima jornada de la Liga Endesa, disputado en el Bilbao Arena de Miribilla ante 8.491 espectadores, según la estadística oficial del partido.

Las tres victorias precedentes en Miribilla presagiaban que el cambio era una feliz realidad. Pero los motores se gripan, una biela juega una mala pasada y ya está liada. No se resintió una pieza en concreto, sino todo el bloque. Y lo más triste es que no se contaba con ello después de que en el primer cuarto las sensaciones, juego, presión y autoridad avalaban ese ansiado cambio. Ver a Devin Thomas junto a Pustovyi, con su cabeza a la altura de los hombros del ucraniano, negándole el pan y la sal y hasta clavándole un mate tras reverso en su cara; certificar el mando en plaza de Tabu; el efecto papel secante de Hammink; la estabilidad de Hervelle; y el protagonismo de nuevo estelar de Todorovic, con la mano ajustada y 14 de valoración. Una orden de méritos que se traducía en control, autoridad y solvencia. 10-2, 21-7. Reflejos en el marcador de lo mucho y bueno producido por los hombres de negro.

Diversión truncada

¿Quién iba a pensar mal por mucho que todos los equipos tengan un pasado? En el caso de la franquicia de Miribilla muy reciente, cierto. Mrsic se había ganado la confianza haciendo que su equipo A se divirtiera y arrastara al público en su celebración de una aparante jornada feliz. Hasta el rebote era una asignatura salvada con nota alta. 9-6 en el cómputo y 4-0 en los referidos al ataque. Vio pronto el RETAbet el camino, que pasaba más por el perímetro que por una zona caliente donde los 218 centímetros de Pustovyi y su correspondiente envergadura ensombrecían las inercias de querer llegar al aro por el camino más recto.

Bajó algo la intensidad en todos los aspectos cuando hubo que dar aire a los cinco gladiadores iniciales. Cambió el viento reboteador, el dúo Fischer-Redivo no era lo esperado y Vucetic en la pintura tiene tanto de pundonor como de bisoñez. Visto que con su gigante no avanzaba, el Obradoiro buscó mayor actividad sobre el parqué combinando a Llovet, Spires y Bendzius. Mumbrú padecía atrás con los cortes que habilitaban al exJoventut, pero le devolvía el recado con intereses desde la línea de tres, en la que también sacó réditos Pere Tomàs. Curiosamente, sin la intimidación del gigante ucraniano los gallegos defendieron mejor su canasta desde posiciones cercanas. Tanto que el recuento del segundo parcial sólo aportaba triples (5) y tiros libres (3) más una canasta de dos que anotó Tabu al final del cuarto. Con todo, los siete puntos de ventaja (41-34) al descanso no eran aviso de que la galerna fuera a llegar al Bilbao Arena.

Galerna

Vaya si llegó. Entró hasta los confines de la instalación. Se hizo el silencio según la niebla arrasaba todo, el juego, los ánimos, la capacidad de reacción. Con la espesura propia del label de la Costa da Morte, el manto convirtió al Bilbao Basket en un espejismo, una caricatura de lo que hasta entonces había sido un conjunto hermético. Se mantenía el quinteto inicial en pista con la permuta de Mumbrú por Hervelle. El capitán calentaba al respetable taponando a Pustovyi, el cazador cazado. Aunque no iba a ser así. Moncho Fernández encontró la llave para reactivar a su pívot de referencia y tras él emergió un Obradoiro distinto, valiente, descarado, sabedor de cómo hacer daño. Enfrente, un RETAbet desconcertado, maniatado, sin referencias, de repente incapaz de abrir el campo y anulado cada vez que buscaba la penetración.

Los puntos en contra llegaban en tromba y el ‘Obra’ no tardaba demasiado en cambiar los papeles. Una solitaria canasta de Hammink como aportación en cinco minutos. Los gallegos se acercaban y sin dudarlo firmaron uno de esos adelantamientos que levantan las pegatinas del ultrajado. Inexplicable la parálisis. Todo lo que había funcionado dejó de hacerlo. Pustovyi facturaba con ritmo enfermizo y lo peor es que no estaba solo. Matt Thomas mostró su carnet de francotirador y Bendzius la herencia lituana que sólo se mama en aquellas tierras bálticas. Diez puntos en el tercer cuarto para el ucraniano, tres más que todo el Bilbao Basket, que se quedó en ocho. La tacada desde la reanudación hasta once minutos y medio después arrojaba un 9-30. El anfitrión agonizaba sin saber si quiera por dónde le atacó el mal. Fallo multiorgánico y certificado de defunción. Los santiagueses llegaron a adelantarse hasta un 50-64 del que ya no hubo retorno posible. Jarro de agua helada.

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