Jameel McKay ya es historia en el RETAbet

Jameel McKay, en el amistoso ante el Iberostar. / EFE
Jameel McKay, en el amistoso ante el Iberostar. / EFE

El Bilbao Basket le corta y vuelve al mercado en busca de un verdadero cinco como eje de su juego interior

JOSÉ MANUEL CORTIZAS BILBAO.

Jameel McKay ya es historia. Es la segunda vez que el Bilbao Basket corta a un jugador antes de arrancar la temporada. Abrió la veda en 2013 con Jordan Williams y ahora vuelve a reaccionar a tiempo para no dejar que se enquiste una carencia en su roster. Desde que el interior de Milwaukee saltó a la pista en Durango durante la Euskal Kopa y se colocó en la rueda junto a Álex Mumbrú hubo algo que llamó la atención, que estaba fuera de lugar. El capitán era el que parecía un cinco puro y no el norteamericano, bajo y muy delgado, nada que ver su anatomía con lo que es menester en un hombre decisivo en la pintura.

Los siguientes episodios el Circuito Movistar en Logroño ante los postes del Tenerife y Zaragoza confirmaron los temores que, unidos a algunos episodios personales, han decidido al club a corregir el rumbo a tiempo.

McKay fue el primer fichaje de la temporada confirmado por el RETAbet. La dirección deportiva reconoció que le seguía «desde el verano pasado» y destacó entre sus virtudes ser «móvil, fibroso, no muy alto, con una asombrosa envergadura». Esa tara en la estatura fue asumida por quienes le avalaron al imponerse otras capacidades, como «ser un sacrificado defensor, enorme reboteador ofensivo, gran taponador, capaz de correr la pista como un escolta».

Quizá contagiados por el propio ego del jugador, que usa como apodo 'showtime', no dudaron en definirlo como un «espectáculo». Nadie lo pone en tela de juicio, pero desde luego no como guía del juego interior en una Liga Endesa en la que los cincos son descendientes de 'la Masa' en altura, kilos o potencia.

Su llegada ya estuvo mediatizada por un retraso de diez días. Pese a estar contratado desde junio y disponer de dos meses y medio para tramitar sus papeles y el permiso de trabajo, no cumplió con los plazos y viajó a Bilbao obligado a regresar a Estados Unidos durante la pretemporada, lo que el club había previsto entre el final del torneo en Vilagarcía de este fin de semana y el partido del próximo jueves en La Casilla contra el Hapoel. Además, colgó tras la Euskal Kopa un vídeo en las redes sociales en las que aparecía fumando una pipa de agua, lo que el club entiende lógicamente como inconcebible en el caso de un deportista.

Mientras, recibió ya un toque de atención de Carles Duran después del amistoso contra el Tenerife cuando le instó a «ponerse las pilas». Los problemas de faltas (eliminado en Logroño en 9 y 16 minutos de juego frente al Iberostar y Zaragoza) se unían a su incapacidad para clavarse en la pintura o imponer un mínimo de autoridad cerca de los aros. Quedó pronto confirmado que su perfil no era el que necesitan los hombres de negro. De haber continuado en Miribilla la estabilidad pendía de un hilo dado que Hervelle tendría que postularse como el pívot más puro, siendo una demarcación en la que el belga duplica el desgaste y disminuye en idéntica proporción su resistencia respecto a su ubicación natural como cuatro.

El jugador americano, oficialmente enfermo, no acudió el lunes al entrenamiento de puertas abiertas en Fadura ni el martes a la doble cita en el Ayuntamiento y la Basílica de Begoña. Hoy su asiento en la expedición a Vilagarcía de Arousa quedará vacante a la espera de la llegada de un sustituto. En su cuenta de Twitter, McKay publicó ayer por la tarde un enigmático mensaje: «Follow gods Plan and trust in the Process» (Sigo el plan de Dios y confío en el proceso).

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