No era el día ni el lugar

No era el día ni el lugar

El Bilbao Basket aguantó 15 minutos con la piel de cordero hasta que el Baskonia activó su físico y talento

JOSÉ MANUEL CORTIZAS

La piel de cordero aguantó un cuarto de hora. Quizá hasta más de lo que se esperaba. Una resistencia con caducidad, pero que anima a percibir cierta tonalidad verdosa en la senda de los hombres de negro. Aunque no existiera hay que inventarla, llegado el caso, para que este grupo que da lo que tiene -Mrsic lo define como «tenemos el talento que tenemos»- no se derrumbe definitivamente. No era la visita al vecino de al lado la que estaba marcada para nada bueno. Al contrario. Fruto de la mala marcha del Bilbao Basket, de tratarse del destino que se trataba y de la posible emboscada climatológica, los hombres de negro estuvieron más solos que nunca, sin ningún apoyo emocional ante la visita a la que muchos adivinan como sala de despiece del matadero. Dejaron el Buesa Arena con 23 puntos de demora, y Mumbrú con el ego reconfortado por su gran actuación en ataque y la convicción de que no volverá a pisar vestido de corto el parqué de Zurbano, que eso también alivia en su caso. Al equipo le quedó el poso de una puesta en escena valiente, honesta y eficaz que puede anotarse en el estadillo del consuelo.

Los males de siempre no van a desaparecer por arte de magia. De hecho, continuarán en el debe del RETAbet porque las hechuras que persigue Veljko Mrsic chocan con la huella aún profunda que mantiene el equipo en su disco duro, el rastro de otra forma de jugar que en ocasiones seguirá provocando cortocircuitos. El técnico parece querer correr más de lo que pueden ofrecerle las piernas de que dispone. Cada partido -el derbi ha sido el tercero- implica no pocas variantes tácticas, de roles, sistemas y prioridades. Esta vez, ante la baja anunciada horas antes de Pere Tomàs, optó por devolver a Álex Mumbrú al puesto de alero, lo que a su vez hizo caer otras fichas en distinta posición, como cuando Devin Thomas asomó en la rotación al cuatro formando pareja interior con Gladness y después con Vasilije Vucetic.

94 Baskonia

Huertas (9), Janning (20), Timma (11), Shengelia (12) y Poirier (8) -cinco inicial-, Kevin Jones (12), Voigtmann (10), Malmanis (-), Beaubois (8) y Granger (1).

71 Bilbao Basket

Fischer (10), Hammink (4), Mumbrú (21), Hervelle (7) y Gladness (8) -cinco inicial-, Todorovic (8), Salgado (3), Redivo (10), Devin Thomas (-) y Vucetic (-).

Árbitros
: Jose Antonio Martín Bertrán, Francisco Araña y Jorge Martínez. Sin eliminados.
partido correspondiente a la undécima jornada de la Liga Endesa disputado en el Fernando Buesa Arena ante 10.125 espectadores. Al finalizar el partido, los hijos de Pedro Martínez entregaron al técnico baskonista un distintivo para conmemorar los 800 partidos del catalán al frente de un banquillo en la Liga ACB.

Y la defensa zonal que tantas veces ordena, aunque siga sin rendir cuentas ante oponentes con buena mano. El Baskonia lo es y desde la línea mágica fue percutiendo en la zona de resistencia vizcaína. Bastaba con llegar tarde, porque los pulmones y complexión dan para lo que dan, para que esa mínima duda sobre si acabar de buscar el punteo o encomendarse al santo favorito se resolviera con un triplazo de los locales. Janning fue el más resolutivo, claro ejemplo de raza blanca, tirador, al que Álex Mumbrú dio la réplica casi en solitario. El duelo de pistoleros animó el cotarro prácticamente hasta el final, sobre todo desde que a partir del cuarto de hora la lógica se impuso, los blaugrana cataron la sangre y se dejaron de tonterías. Impusieron su físico y el talento hizo el resto.

Autoridad baskonista

Mientras los hombres de negro sufrían hasta la extenuación para todo lo que no fuera que el capitán activara su muñeca, el Baskonia ofrecía una sencillez, claridad y autoridad en su juego francamente envidiables y acordes a su rango presupuestario. Bien cerrados para relativizar el juego interior y dominadores del rebote, los de Miribilla fueron movidos de sus casillas por la amenaza constante desde el perímetro y la movilidad de la segunda unidad alavesa. En la dirección, Fischer aguantó el primer cuarto en su pulso carioca con Huertas y cuando le entregó el testigo a Salgado el base de Santutxu tuvo luces y sombras. Tres pérdidas casi seguidas convirtieron definitivamente al Bilbao Basket en la víctima tierna y sabrosa para los locales. El 29-29 compuso la rampa de lanzamiento desde la que los del homenajeado Pedro Martínez -800 partidos ACB- cogieron vuelo. Una primera tacada hasta el 38-29, prólogo de lo inevitable.

Fogonazo ilusorio

Redivo recuperaba parte de su puntería, pero su físico atrás era una rémora. Él mismo lo reconocía con su lenguaje corporal. Mrsic le metió las gomas, le envió descargas desde la banda, como a Todorovic y a Hammink, en una posición crítica a la hora de emparejarse con el mortífero Janning y el resbaladizo Beaubois. Pero la descomposición del grupo ya estaba de manifiesto. Mumbrú volvía al cuatro, Thomas desaparecía por razones obvias y aunque hubo un fogonazo ilusorio con el 45-41 otras dos pérdidas seguidas declararon la jornada de puertas abiertas de una defensa que acabó por darse mus. No en voluntad, sí en resignación.

Queda el consuelo de que hasta el último cuarto no dio la sensación de que el Baskonia buscara un daño excesivo. De haber sucedido, el escarnio habría infectado más la herida que no deja de supurar. Mrsic, desquiciado en la banda, apuntaba a todo lo que se movía y vestía de rojiblanco, la indumentaria en este choque. Lo que buscaba y puede conseguir con ese estilo, él lo sabrá. Es su sello y ya se advirtió de que encaja en el perfil de los técnicos visualmente exigentes. Siempre quiere respuesta, reacción. Odia, está claro, ver a un jugador que ha perdido una opción y no brinca desde el suelo para recobrar su puesto en el engranaje. Lo que consigue, por ahora, son más carreras a lo pollo sin cabeza que recuperaciones reales.

Forma parte del aprendizaje del grupo, una transición que va a costar lo suyo porque, efectivamente, hay lo que hay. Con orden, otro rigor y los sistemas más asumidos, la mejoría debe ser real. Pero cada vez que el contrario proponga un partido físico habrá que santiguarse.

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