Europa le enseña la puerta de atrás

Alex Mumbrú, con 16 puntos y 24 de valoración, volvió a ser el hombre de negro más resolutivo en el encuentro frente al Limoges./P. Urresti
Alex Mumbrú, con 16 puntos y 24 de valoración, volvió a ser el hombre de negro más resolutivo en el encuentro frente al Limoges. / P. Urresti

El RETAbet sigue desnortado, vulnerable, y ante rivales como el Limoges el físico le coloca en una situación crítica que confirma que todo le viene grande

JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Las trazas de nieve en el exterior del Palais des Sports de Beaublanc dotaban a la cita de una visión aún más extrema. Un escenario con un interior caldeado, mucho, por una afición irreductible que nunca ha dejado solo al Limoges, menos aún después de llegar los años de miseria deportiva y descenso tras saborear las mieles continentales. Se sabía en el infierno verde que el Top16 pasaba por ganar a los hombres de negro, después de arrancar el partido conociendo la esperada derrota del Partizan en Vilnius. Cuentas exactas, las de una lechera resabiada a la que no dan gato por liebre. Victoria igual a pase virtual a la siguiente ronda. Quedaba como incógnita el alcance de la mejoría, si la hubiera, de un RETAbet al que a día de hoy cualquier atuendo le queda grande. El doméstico se le cae, como reflejó el espejo del San Pablo Burgos en la pasada matinal dominical de Miribilla. El internacional ya no hay por dónde cogerlo. Lo malo, en estos casos, es que sin esperanza alguna de voltear la situación aún deberá afrontar tres jornadas insufribles que le impedirán centrarse semanalmente en el trabajo de encaje que pretende un también superado Veljko Mrsic.

Sigue sin haber pasado ni una semana desde que el preparador croata arribó a Bilbao. Si alguien necesita tiempo, espacio y paciencia es él para entender dónde se ha metido. A estas horas aún debe alucinar con los complejos que son ya tics irrefrenables, compulsivos, en su equipo, con las reacciones negativas que le bloquean en cuanto se le va la narración de las manos. No se trata de chillar más o menos en los tiempos muertos, de profundizar con miradas inquisitorias. Está tan al límite este grupo que de verdad resulta complicadísimo hallar hasta el tono en el que rearmar a la tropa. Con trabajo, por supuesto, pero a día de hoy le da miedo todo.

Quedó de manifiesto en la cancha francesa. Tras un primer cuarto de hechuras correctas, con cinco ventajas de los hombres de negro y una notable autoridad del Limoges en la transición en ataque, con trayectos sin escalas entre el rebote defensivo y el aro del prójimo, el RETAbet se descompuso en cuanto la ventaja local se expresó con dos dígitos. Por el camino, pistas de cómo piensa Mrsic de los suyos. Ante una plantilla tremenda en lo físico cambió las prioridades. Puede que también porque no está de acuerdo con lo que le están dando algunos jugadores, sus presumibles límites, la sensación de flojera que arrastra al quinteto en pista dependiendo de su formación. Vucetic fue la primera rotación interior y acabó jugando más que Devin Thomas. Redivo y el último fichaje de hecho calentaron banco en el primer acto. Tres titulares (Tomàs, Hervelle y Gladness) sin anotar en esa horquilla de diez minutos. Una primera señal de que ante lo físico de la propuesta acercarse al aro rival era una misión kamikaze. Un cóctel que derivó en un cambio de canastas del que debería huir el conjunto vizcaíno para no salir trasquilado.

La inestabilidad se ha llevado a algunos jugadores por delante. El Redivo al que se le caían los puntos de las manos es ahora un efectivo residual. El Todorovic soberbio, maduro, mandón y acertado del arranque liguero ha vuelto a salpicar su juego de acné. Gladness ya no impone y sus parejas de baile le pisan los callos con saña. Y en la dirección, que se eche en falta a un Guadiana como Jonathan Tabu demuestra que ninguna línea se salva.

Pérdidas de Salgado y Mumbrú en el arranque del segundo cuarto. Inferioridad cuando el rebote exige lucha cuerpo a cuerpo, tardanza en las marcas que van conduciendo a los de Mrsic a flotar al amparo del error del tirador, que raramente ocurrió cuando el lanzamiento nacía librado. 8-0, 11-2, 16-5 en cinco minutos. Tercera falta de Hervelle recién retornado al parqué que le desconectaron del juego y con ello el equipo se quedó sin el listón de la exigencia defensiva. Nada salía, nada parecía vivir dentro de los hombres de negro. El técnico plantea defensa zonal y se comen una bandeja. Intenta dar repercusión a Thomas y dos personales en ataque en bloqueos descaradamente ilegales abren más la herida. Vistazos furtivos al luminoso y la cruda realidad: 18 puntos de demora (43-25). Para temblar.

86 Limoges

Joyce (9), Howard (14), Bouteille (10), Conklin (11) y Jaiteh (4) -cinco inicial-; Gibson (7), Morency (6), Carter (16), Lydeka (9) y Bazille.

74 RETAbet Bilbao Basket

Fischer (7), Hammink (14), Tomás (8), Hervelle (1) y Gladness (4) -cinco inicial-; Salgado (6), Redivo (5), Todorovic (7), Mumbrú (16), Vucetic (4), Devin Thomas (2) y Mendia.

PARCIALES
22-20, 46-30 (descanso); 62-53 y 86-74 (final).
ÁRBITROS
Fernando Rocha (Portugal), Amit Balak (Israel) y Mykola Ambrosov (Ucrania). Sin eliminados.
INCIDENCIAS
Partido correspondiente a la séptima jornada del Grupo C de la Fase Regular de la Eurocopa, disputado en el Palais des Sports de Beaublanc ante 3.500 espectadores, según la estadística oficial del partido.

Descontrol posicional

Diez puntos en ese segundo cuarto. Obvio, no sólo la defensa hace aguas. Esperar una reacción en el descanso sonaba casi irreverente. Creer a pies juntillas, a ciegas, es un ejercicio sectario. Al menos hay que ver un brote verde, visualizar algún gesto más allá de la omnipresencia en ataque de Mumbrú, al que deberían estar por pedir que siga un año más. Sí, atrás no muerde, pero ¿quién lo hace? Al menos él tiene interiorizada, automatizada su mecánica de tiro, el gran desatascador del equipo. Y es el mejor pasador, un asistente de lujo. En Limoges sólo Hammink le hizo la segunda voz.

Se mantuvo el descontrol posicional en la reanudación y la renuncia a acercarse al aro fue de rango oficial. Pero la estrategia surtía efecto y poblando de tiradores el perímetro el RETAbet conseguía incomodar a los franceses, hasta entonces sobrados de la mano de Joyce, Howard, Carter, Conklin y el lituano Lydeka. Comenzar a ensartar triples envalentonó también en defensa a los hombres de negro. Cuando rebajaron la decena por primera vez el suspiro de alivio hizo eco en Beaublanc. Desde el último -18 remando, sufriendo e implorando un acto de fe.

Pareció llegar. Minutos de decisión. Luz al final del túnel. Desde la losa del 48-30 a la antesala de la libertad con 58-53. A degüello, congestión en cada rostro. ¿Milagro? No para este Bilbao Basket condenado. Una pérdida irreverente de Fischer que no desaprovechó Gibson para llegar al control de paso otra vez a nueve puntos. Desde ese pecado, parcial arrastrado de 11-0. Desolación. Europa le enseña la salida por la puerta de atrás.

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