Rigor mortis en Miribilla

Mumbrú, con gesto serio, en un momento del partido./Luis Ángel Gómez
Mumbrú, con gesto serio, en un momento del partido. / Luis Ángel Gómez

El Bilbao Basket se queda sin comodines, sin red, tras otra derrota telegrafiada que le deja cuerpo a cuerpo con el descenso

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZASBILBAO

72 RETAbet Bilbao Basket (23+14+24+11)

Tabu (2), Redivo (9), Tomàs (5), Hervelle (6) y Gladness (6) -cinco titular-; Salgado (1), Todorovic (15), Mumbrú (13), Thomas (8), Hammink (3) y Bentil (4).

82 MoraBanc Andorra (15+20+25+22)

Albicy (13), Blazic (6), Jankovic (15), Sané (7) e Iverson (8) -cinco inicial-, Fernández (10), Jelínek (4), Walker (5), Shurna (7), Stevic (7) y Diagne.

Parciales
23-15, 37-35 (descanso); 61-60 y 72-82 (final).
Árbitros
Carlos Peruga, Jorge Martínez y Arnau Padrós. Señalaron técnica a Salgado y Albicy, y descalificante a Jaime Fernández en la misma jugada (m.37). Eliminado por faltas Salgado (m.40).
Incidencias
Partido correspondiente a la vigésimo novena jornada de la Liga Endesa disputado en el Bilbao Arena de Miribilla ante 9.275 espectadores, según datos del club bilbaíno.

Quizá surge de la ilusión, de la condición de ilusos, creer que puede tener cura una enfermedad que se contrajo en verano y se ha ido agravando mes a mes. Pero cuando los diagnósticos son tan severos como el que maneja el RETAbet, no queda otra que soñar con los milagros. Porque sólo uno, y bien hermoso de tamaño si hay varias tallas, puede salvar a la franquicia de Miribilla. No se puede hablar, llegados a la antesala del punto de no retorno, de hombres de negro como apartado, como bloque único. Aquí va en el lote todo, desde la afición a la institución en sí, que se aferran ya sin uñas a un escudo a la deriva. Otra derrota más o menos esperada y tremendamente dolorosa para un equipo que cada vez claudica antes frente al daño severo. De poco sirve hablar, discutir, criticar el acierto o fracaso de tal o cual jugador, de las ideas del técnico. Lo dejó muy claro la víspera, no maneja un grupo con calidad suficiente para depender de sí mismo en la búsqueda de la victoria. Necesita de modo imprescindible que el rival coopere. Y a estas alturas de la función las únicas manos que le alcanzan son para apretarte el cuello.

El Bilbao Basket ha entrado en bucle, en pánico. Alentó el jueves Álex Txikon a la plantilla compartiendo sus experiencias de supervivencia en la montaña. Parece que para la vía por la que tratan de avanzar los hombres de negro no hay margen. O coronan o se precipitan al vacío. Y ya han perdido un pie y el apoyo en el talón del otro. Se ven cayendo y sólo el gen competitivo de algunos jugadores muy concretos evita que en el Bilbao Arena haya que presenciar espectáculos gore, dantescos, como bastantes de los sufridos a domicilio. Sin ir más lejos la pasada jornada cuando, quién sabe, pudo acabar con la única dosis de antídoto que le podía sanar.

Saltan a la cancha los de Mrsic -que habrá que ver si mantiene su puesto de trabajo después de lo visto- con varias dianas prendidas de su equipaje. En ellas se desvelan sus puntos débiles y muy cazurros deben ser los oponentes para no percatarse, tomarse su tiempo y alcanzar el objetivo en modo ráfaga. Porque la capacidad para soportar el castigo ya está bajo mínimos en Miribilla. Se repite cíclicamente y no va a cambiar. Mientras hay energía y brotes, la cosa va siendo tolerable y por momentos hay atisbos de que la fe puede incluir un efecto basculante en la clasificación. En cuanto el verdugo asoma la capucha el 'yu-yu' se palpa al instante. Lo peor de todo es que esa bipolaridad no es paulatina. Cuando nada apunta a que entrará en escena, la cara B comienza a sonar a réquiem.

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Otra cosa es cómo lo ven y padecen los actores entre bastidores y en escena. Desde la platea se les ve venir a lontananza. Dominador del rebote, con tics de rabia y aguantando que los andorranos fueran devolviendo cada golpe, el Bilbao Basket cuajó un notable primer cuarto. El 13-0 que procedía de los jugadores de banquillo y la autoridad bajo ambos aros avalaba el orgullo mostrado. Matar o morir, sin estaciones de paso. Mumbrú era un líder sin fallo, Thomas imantaba a la defensa para ser el mejor asistente y Todorovic se metía en faena con hambre. Quedaban tres episodios más, pero el inicial había sido un buen piloto, cargado de audacia, ambición y el aroma de suspense en el que se recrea la historia.

Y llega la primera desconexión, que no por conocida deja de sorprender al respetable. Y el arbitraje entorpecía los arrebatos de los hombres de negro. Les incomodó más que a los de Peñarroya esa corriente que llega ahora de seguir la pauta de los play-off de Euroliga y dejar jugar, que no es más que la alegoría del todo vale ante el que los colegiados menos formados -que revise el vídeo Arnau Padrós- se quedan en evidencia haciendo un mal al juego que debería impedirles el sueño. Y no, tampoco en esta ocasión el porcentaje de derrota sería merecedor de un 'quesito' propio en el reparto de la tarta estadística. Pero supone algún palo que otro extra en las ruedas de un equipo que no sabe interpretar los planos y mapas y acaba, lógicamente, extraviado.

Un 2-11 antes del descanso

Porque llegó el segundo cuarto y desde el grado máximo de excitación el RETAbet cayó en picado hasta el síntoma previo al rigor mortis. Bentil anotando un triple era como una señal de que todo era ya posible. Puso a los hombres de negro con once puntos de ventaja y, película ya vista, lejos de propulsarse se quedó sin motores. La reacción del MoraBanc fue instantánea, propia del anuncio del mejor café soluble. Desde la línea de tres castigando esa zona con holguras por todas partes que nunca le ha funcionado a Mrsic. Dos seguidos de Jaime Fernández y Shurna conmocionaron al Bilbao Basket y abrieron la puerta de un trastero en el que el desorden se reflejó en el no juego que le llevó a recibir un 2-11 en los cuatro minutos previos al descanso.

En el vestuario no había nada que arreglar porque desconoce el equipo las claves para pasar de pantalla. Con Mumbrú al cuatro como recurso constante se despilfarró esa variante sin beneficio alguno. Los de Peñarroya propusieron un intercambio de canastas y como corderos entraron a ese redil los anfitriones. Un rosario de pérdidas en saques de fondo y banda anulaban cualquier resquicio para la esperanza. Lo arreglaron simbólicamente Salgado y Thomas jugando un pick and roll para llegar al penúltimo control con la que sería última ventaja de la matinal (61-60). Metió una marcha más el visitante tricolor y la fiebre subió hasta desconectar por completo a los vizcaínos. Groguis, abatidos desde que se vieron diez puntos abajo en el luminoso aunque quedaran casi seis minutos y medio para evitar el desastre. Tampoco esta vez.

Los otros partidos en los que involucraba su porvenir repartieron la fortuna, porque a estas alturas salvo que pierdan todos los implicados es complejo saber lo que viene bien. Cayó el Zaragoza pese a su renovada plantilla en Murcia y el Betis por una canasta ante Gran Canaria y ganó con un triple a tres segundos del final Joventut en Burgos. Triple empate por delante de los sevillanos y el average general gasta el último comodín que le quedaba al RETAbet. Lo siguiente sería ya estar en descenso matemático.

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