Un final para valientes

Los hombres de negro buscan la tercera victoria consecutiva. /EFE
Los hombres de negro buscan la tercera victoria consecutiva. / EFE

Tabu y Hervelle se hermanan para jugarse la última mano cuando el Bilbao Basket perdía por diez a falta de cinco minutos

JOSÉ MANUEL CORTIZAS

El salario se gana. Sudando, trabajando, apretando los dientes, tomando decisiones. La importancia de éstas debe seguir un cauce racional. A quien más le cueste doblar el cheque a fin de mes que dé un paso al frente y asuma su rol. Afortunadamente, en el Bilbao Basket no hay remilgos en ese sentido. Otra cosa es que a alguno le pueda atraer en exceso vestirse el traje de salvador de la causa. Tampoco.

Lo mejor es no llegar al momento crítico de jugarse un partido a una carta, pero este bendito deporte se nutre de estrecheces. Y el día que no lo haga espantará a los aficionados de las gradas. Por eso saben tan bien las victorias trufadas de drama. Nada como que el éxito duela para valorarlo en su justa medida. Hacer doblar la rodilla al Zaragoza tuvo mucho de eso. El RETAbet pasó por todos los estados de ánimo y juego computables hasta que Jonathan Tabu puso la guinda con cinco puntos seguidos de una reacción en cadena que devolvió a la vida a los hombres de negro cuando se les daba por muertos.

77 RETAbet Bilbao Basket

Tabu (17), Todorovic (11), Tomàs (4), Hervelle (7) y Gladness (8) -cinco inicial-, Fischer (5), Redivo (6), Hammink (2), Mumbrú (10), Kempton (7) y Vucetic.

72 Tecnyconta Zaragoza

Bellas (13), Neal (9), Barreiro (5), Dragovic (4) y Varnado (12) -equipo inicial-, Sergi García (5), Blums (13), Michalak (1), Suárez (6), Mazalin (2) y Triguero (2).

parciales
18-25, 38-35 (descanso); 54-53 y 77-72 (final).
árbitros
José Antonio Martín Bertrán, Andrés Fernández y Alfonso Olivares. Sin eliminados.
incidencias
Partido correspondiente a la cuarta jornada de la Liga Endesa, disputado en el Bilbao Arena de Miribilla ante unos 8.000 espectadores, dato del club bilbaíno. La afición de Miribilla recibió y despidió con sendas largas ovaciones al ex'hombre de negro' Janis Blums, que se mostró agradecido y emocionado, en su primer regreso al Bilbao Arena. Además, también se mostró el apoyo de la Liga Endesa a la lucha contra el cáncer de mama

Ganar un partido que se pierde por diez puntos (62-72) a falta de cinco minutos supone que confluyen dos corrientes. El Bilbao Basket no se desmoronó tras culminar el castigo al que le sometió Janis Blums en su regreso a casa -históricos recibimiento y despedida para el letón- y el Tecnyconta penetró en un agujero negro del que había avisado su entrenador la víspera. La ambición desesperada de unos contrastó con la confianza quebradiza de los otros. El resultado, un parcial de 15-0 en ese tramo en el que no faltó de nada. Miedo con el balón en las manos, excesos, búsqueda de situaciones extremas, decisiones arbitrales sorprendentes con aroma a compensación y una pareja belga a la que si algo le sobra como para exportar y repoblar el mundo es valor, por usar un término casto para los oídos.

Hervelle llevaba una matinal con arrebatos de zozobra. No parecía su día, aunque su capacidad para el trabajo jamás podrá ser cuestionada. Pero cuando hace falta un líder que asuma las consecuencias de lo que pueda pasar, bueno o malo, es el hombre que da el primer paso al frente. Así que se merecía que la gloria le tocara tan de cerca. Su alter ego en formato león belga había roto la primera lasca de la losa que con el citado 62-72 pesaba mil demonios. El cuatro de Lieja le retó para abrir vía de escape juntos. Canastones de dos y de tres. Cinco puntos seguidos. En minuto y medio la catástrofe había rebajado su condición a alerta general. Había margen de maniobra. Tabu aceptó el guante. Tras un tiro libre anotado por Pere Tomàs -el peaje maño de una técnica por flopping a Varnado-, el base de genética congoleña repitió la secuencia abierta por su compatriota de pasaporte. La clavó, trufada de tensión arbitral. Taponado por Varnado tras el primer triple, recibió una faltita por evitar chocar con él. En el siguiente ataque maño, falta de Neal sobre Tomàs, preludio de otra muesca para el base titular. Y Tabu revienta la banca para colocar el 75-72 a 33 segundos de la meta.

Antes, 35 minutos de mezcla de brotes, como las nuevas ensaladas que maridan cualquier producto surgido de la huerta. «Tenemos que ganar», reconocía Pedja Savovic antes del partido. Las derrotas pesan. Sin victorias, aplastan. Llevar el casillero a cero pone nervioso al personal dentro y fuera de la pista. El actual gerente de la franquicia maña sabe de lo que habla, siente esa presión cada vez que llama a una puerta en busca de apoyo.

Su equipo se presentó en Miribilla muy mentalizado, mejor que los anfitriones, a los que faltó tensión en la puesta en marcha. Había dos actitudes en el parqué bilbaíno. Tabu, entonces bloqueado en la creación de juego, se movía en un mundo extraño en el que contar con la posesión era como un suplicio. La debilidad en el rebote permitía al Tecnyconta correr, despojarse de lastres, sentirse a gusto consigo mismo, con una propuesta en la que Tomás Bellas hablaba de memoria y castigaba con 11 puntos a un RETAbet con déficit de todo.

Kim Kempton

El brote más natural llegó en el segundo cuarto con una reivindicación de Kim Kempton que se quedó en un ejercicio de intenciones comparado con el resto de sus rotaciones. Pero el de Arizona abrió el muestrario y enseñó decisión penetrando (dos más uno) y química con Mumbrú con la partitura del pick and roll. El rookie se despertó y con él activó al resto del grupo. Según crecía el Bilbao Basket empequeñecía un Zaragoza que volvía a las andadas. Tabu se marcaba un coast to coast en el marco de siete puntos, Redivo enchufaba su primer triple y Todorovic no quería quedarse atrás. En el minuto 16 comenzó un dominio (30-29) que fue estabilizándose y dio sensación de tener todo bajo control. Así fue,más o menos, hasta el 49-48.

El Zaragoza puso el resto sobre el tapete, con un Varnado que infundía mucha intimidación en la pintura. Hablaba el físico y el RETAbet se paró. De nuevo las dudas, juego espeso y para colmo de males Janis Blums encendióla mecha tras fallar sus cinco primeros triples. Sus once puntos en la recta final contribuyeron a que a los de casa les saltaran todas las costuras. Las alarmas eran ensordecedoras. Todo parecía perdido. Menos mal que Miribilla reaccionó y desde las gradas se le recordó al equipo que aquí está prohibido bajar los brazos y se le confió la misión de demostrarlo. De menos diez a un 15-0 en cinco minutos. No siempre darán con esa tecla. Están avisados. Pero cuandolo hacen, ¡chapeau!

Fotos

Vídeos