Liga Endesa

El Bilbao Basket escapa de las rocas

Álex Mumbrú celebra eufórico el triunfo, fundamental para los hombres de negro y su situación clasificatoria./ACB Photo / A. Arrizabalaga
Álex Mumbrú celebra eufórico el triunfo, fundamental para los hombres de negro y su situación clasificatoria. / ACB Photo / A. Arrizabalaga

Miribilla asiste a un desenlace épico que premia la honestidad, fe y arrojo de un equipo al que Unicaja quiso empequeñecer

JOSÉ MANUEL CORTIZAS

¡Que te den, 2017! Así, con rabia, adiós a un año que se estaba enquistando hasta llegar a los tuétanos del esqueleto del Bilbao Basket. Un grito que fue unánime cuando los hombres de negro hacían el corro para desahogarse mientras ante ellos yacía un rival de Euroliga que se partió la cara, dio cuanto tenía y acabó claudicando, quizá, porque fueron los de casa quienes más apretaron los dientes cuando el partido llevaba ya un buen trecho en la zona crítica. Una victoria vital, imprescindible, para regatear los puestos de descenso, en los que ya habría caído en caso de derrota. Era, de hecho, el resultado más esperado, el 2 en la hipotética quiniela. Hablaba Mrsic en la víspera de dar la sorpresa jugando como anfitrión. Siempre parece un discurso antinatura, pero la realidad se impone a la ficción.

Un desenlace concentrado en cinco minutos. Es lo que tiene este deporte, que muchas veces parece prescindible todo el camino recorrido porque llegando a meta se cruzan los desvíos y arriba el que más listo esté en la interpretación del plano. Aquí los GPS son mentales y, como tales, sufren interferencias constantes. Esa mitad de último cuarto nacía con el Unicaja dominando el luminoso 56-60. En el tiempo muerto se conoció una noticia demoledora. Aún no sabe cómo, pero el Betis pasó de perder durante 39 minutos a ganar a falta de siete segundos. Su cuarta muesca seguida. La cuenta, de parvulario. Si los de Miribilla caían, lo hacían al otro lado de la vida, a los puestos de descenso, tan encerados ellos.

Buscada o, al menos, provocada, surgió una catarsis. En las gradas se sufría lo indecible, el arbitraje iba y venía y salpimentaba aún más las sensaciones. Manos que buscaban el brazo más próximo para estrujarlo hasta el límite de la fuerza. Otras ocultaban los rostros en gesto universal de incredulidad. Pero el sexto hombre de negro había estirado, calentado y se disponía a jugar su partido y ser decisivo. Hacía falta alguien, un héroe. Tabu, luces y muchas sombras toda la gala, había aportado justo antes un triple para ir regresando desde el 51-60 que metió el miedo en el cuerpo a todo el planeta RETAbet. Ese as en la manga fue Lucio Redivo.

El trilero de Bahía Blanca, al que le cayeron varios chorreos en la banda por su falta de control atrás, concediendo personales de tres tiros o saltándose alguna norma de la casa debilitando la coreografía general, estaba decidido a dar lo que ponía en su tarjeta de visita. Esos puntos que se le caen de las manos a quien está tocado por el don de la anotación. Dos canastas suyas consecutivas, echando todo lo que se puede echar para tirarse en plancha hacia el brutal muro que era la defensa malagueña, pusieron de nuevo al Bilbao Basket como dominador en el luminoso. 63-62 con tres minutos eternos, interminables, que colocaban la bandera a cuadros lejísimos aún, aunque estuviera realmente tan cerca.

Antes, en el segundo cuarto, un gigante había venido a ver a los de Mrsic y había devorado cuanto se puso por delante. La solvencia del cuerpo más largo de la Liga Endesa se había tornado desbrozadora, arramplando con todo lo que encontró a su paso. Gladness, Thomas, Hervelle y hasta el voluntarioso Vucetic fueron intercambiando el puesto de sparring de Shermadini sin que el georgiano lo sintiera. Sin él, el Unicaja no se quedó con las manos vacías. Activó el plan B y entre Nedovic, Waczynski y Salin devolvieron cada espasmo que anunciaba una posible reacción de los hombres de negro. Que las hubo, guiadas desde la aportación espartana de Hervelle visiblemente limitado por su rotura muscular a los momentos de excelente interpretación en el cierre del rebote y la posterior orden de salir a la carrera. Por el trayecto, demasiadas canastas fáciles erradas por quedarse prendido en la memoria virtual ese agobio físico que suponía verse superado cada hombre de negro línea por línea y puesto por puesto.

70 RETAbet Bilbao Basket

67 Unicaja Málaga

ÁRBITROS
Cortés, Rial, Mendoza. Eliminaron por cinco personales a Tabu y Augustine.
INCIDENCIAS
9.321 espectadores en el Bilbao Arena.

Cinco minutos de la verdad

Y pese a todo, la gran virtud, el enorme acierto de Mrsic y su equipo fue seguir vivo, mantener ese punto de orgullo indispensable, esa seguridad en que algún día rolará el viento, se hará justicia para un trabajo casi siempre sin recompensa. ¿Por qué no podía ser frente a un oponente de Euroliga que en ese formato viene de hacer saltar la banca en el Palau blaugrana y La Mano de Elías de Tel Aviv?

Esos cinco minutos de la verdad, que ya habíamos rebajado a tres en la narración, fueron la esencia perdida y felizmente hallada de esta franquicia, del equipo, de un ADN que se tiene o no se tiene. No era sencillo, en absoluto, sujetar las emociones, pero lo cierto es que la valentía, la decisión con que el RETAbet interpretó el último cuarto le hacía casi imbatible. Mordió por cada rebote, fue más allá de cualquier frontera en la defensa de las últimas posesiones del Unicaja y aunque se dejó tres tiros libres sin canjear no dejó de tener esa crin de ventaja que hizo valer en el sprint final. Antológico, con el público en pie, angustiado, siguiendo cada detalle.

Viendo cómo Pere Tomàs le decía a Shermadini algo antes de que el gigante descerrajara los últimos de sus 19 puntos desde la línea de castigo. Asistiendo al límite del descontrol a cómo los árbitros revisaban por televisión un saque de fondo que le dio los cuatros segundos finales de balón a los de casa. Mumbrú había sujetado a los suyos en los momentos más confusos y Redivo emergió con los coreados siete puntos celestiales y seguidos para evitar que el Bilbao Basket acabara en las rocas. Ellos pusieron la cara, pero en la foto salen todos, sin excepción. Porque más allá de estar bien o mal, la nobleza de su trabajo no admite reparo alguno. Indescriptible sensación de alivio.

El Betis dinamita la cola de la tabla

Era una jornada para ganar sí o sí después de que el Betis remontara ante el Zaragoza (70-67) un partido que perdía 13-30 al cuarto de hora y que no logró dominar hasta el minuto final. Es la cuarta muesca seguida de los verdiblancos. Sus problemas clasificatorios lo son ahora del Tecnyconta, un ejemplo de grupo que desperdicia las ocasiones más propicias. Los maños igualan a cuatro victorias con los andaluces y el Joventut (con un partido pendiente), que ayer perdió en Valencia (102-81). Con tres triunfos se queda varado el Burgos tras caer con estrépito frente al GBC (76-99). Los donostiarras y los hombres de negro suben un peldaño y con cinco partidos ganados tienen ya a cuatro rivales atrás. Tampoco atraviesa un buen momento el próximo oponente del RETAbet. El Gran Canaria descarriló en el derbi insular en Tenerife (92-71).

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