Al Bilbao Basket le sobraron cinco minutos

Sigue en directo el Bilbao Basket - Real Madrid. /E. C.
Sigue en directo el Bilbao Basket - Real Madrid. / E. C.

Notable mejoría de los hombres de negro ante un Real Madrid al que pudieron someter

JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Mejor de lo esperado. Mucho. El umbral de sensibilidad que quedó tras lo visto en Fuenlabrada unido a la entidad del primer visitante del curso en Miribilla provocaban una tendencia realista, un flirteo con la idea de misión imposible. Había pedido Carles Duran que la afición arropara a su equipo y que confiara en él. Ambas premisas se dieron. Nunca se puede extraer néctar de una derrota, pero al menos la forma en que cayó ayer el RETAbet da pie a creer en que con este material se puede llegar a armar el esqueleto de un grupo competidor. Porque tuvo al Real Madrid bajo su yugo durante la mayor parte de la tarde y si esta crónica no es la de una victoria solo se debió a una desconexión mediado el cuarto final en la que se concentraron errores propios, cansancio y virtudes ajenas, en ese orden.

Son dos jornadas, pero el cambio visto es importante. De la bisoñez de Fuenlabrada no quedan rastros tan evidentes. Falta conexión, saber a qué juega en cada momento el equipo, qué partitura común es la elegida e interpretarla con rigor, siguiendo el tempo e intensidad de la batuta. Pero ya no se percibieron los momentos en blanco, ese símil de miedo escénico que convierte al debutante en víctima deseando ser engullido por la tierra. No. Esta vez, quizá porque caló el discurso del vestuario y la constante exigencia de energía que predicaban los portadores de los galones, fueron los hombres de negro los dominadores, quienes pusieron las normas y eligieron armas. Su arsenal es más reducido que el del polvorín blanco, pero cuando se manejan con insistencia y decisión la capacidad de dañar aflora al instante.

80 RETAbet Bilbao Basket

Tabu (8), Todorovic (15), Tomàs (11), Hervelle (13) y Gladness (8) -cinco inicial-, Fischer (6), Redivo (14), Hammink, Mumbrú (4) y Kempton (1).

87 Real Madrid

Campazzo (11), Casseur (6), Doncic (13), Thompkins (3) y Ayón (8) -cinco inicial-; Carroll (7), Rudy Fernández (4), Taylor (5), Randolph (26), Kuzmic (2), Reyes (2) y Yusta.

Árbitros
Daniel Hierrezuelo, Juan de Dios Oyón y Pedro Munar. Sin eliminados.
Incidencias
Partido correspondiente a la segunda jornada de la Liga Endesa, disputado en el Bilbao Arena de Miribilla ante 8.512 espectadores, según datos del club bilbaíno.

Olía a quemado en el salto inicial, pero no procedía del bando local. El recuerdo de un extractor comellamas se parecía más a la reivindicación del infierno de Miribilla. Salida soñada, antagónica a la de la primera jornada. Tacada de 7-0 en dos minutos con Hervelle como maestro de ceremonias. Una puesta en marcha segura, estable. Triple de Tabu y primeras muescas para su compañero belga y Gladness. El base y el poste americano no tardaron en dar muestras de entendimiento. Bien. El Real Madrid se ofuscaba con el tiro exterior, como si el muro interior inicial bilbaíno le resultara incómodo, peligroso. Aunque había anunciado Duran que la marca sobre Doncic sería coral, fue Pere Tomàs el que abrió la lista de parejas de baile de la perla eslovena.

Desde luego, la interpretación era un ejercicio de fidelidad al plan elaborado. El duelo tendía a premiar a los ataques ante las defensas. En los siete primeros minutos los locales estabilizaban su ventaja constante (20-13) con una serie en tiros de campo sobresaliente (4 de 7 y 4 de 5). Una manita de triples sin repetir autor. Eso habla mucho y bien en favor de la capacidad grupal. Con 28-20 como punto de salida del segundo cuarto, la primera canasta de Fischer estableció la máxima ventaja. Quedaba un mundo. Más, un universo, al tratarse del Real Madrid. Cabía esperar que del acorazado blanco surgieran nuevos cañones. Randolph fue el elegido por Pablo Laso o por la inercia del juego. Esloveno de pro, valga la broma de la naturalización de jugadores de la que pocos se libran, tiró de los suyos hasta colocar a los blancos en el rebufo de la rueda buena, la que te permite avanzar camino del todo o nada en las vueltas finales.

Un triple de Taylor colocó al Madrid por primera vez por delante en el luminoso (35-36). Situación no crítica, pero sí compleja de afrontar. Y fue desde ese bache de donde surgió la imagen más esperanzadora del Bilbao Basket. Su voracidad y afán por la pelea se dejaba sentir en la recuperación de balones, en los rebotes, en los momentos puntuales pero muy estudiados en los que pudo correr y hasta adornarse. Y con afán solidario, como en una cabalgada de Álex Mumbrú que el capitán en vez de consumar derivó a un triple de Redivo para sumar un punto más en plena estrechez del cinturón. Los 13 puntos en el parcial de Randolph hicieron daño, claro, sacando provecho de su calidad y ventajas ante sus pares. Pero el RETAbet supo dolerse sin convertirse en sumiso y reaccionó como solo hacen los equipos que pueden llegar a tener un tamaño destacable en el concierto de la ACB.

Todorovic, un referente

Se llevó al vestuario una victoria que aunque modesta (45-43) tenía cimientos robustos. Y en el retorno al parqué siete puntos seguidos de Dejan Todorovic confirmaron dos aspectos vitales para el curso: que el serbio va a ser un referente, un tipo que parece haber entendido que la importancia de su rol para por reprimir las fantasías en la pista, sin que ello comprima o limite su juego; y que el equipo lo mismo pega que encaja, pero siempre con entereza y dignidad. Humilde de momento porque debe estructurar mejor su juego -es el segundo partido oficial y ya ha avanzado bastante-, pero convencido de poder hacerlo. El tercer cuarto se movió en la horquilla más amplia, yendo de un 7-0 a un 0-9, con efectos especiales de Mickell Gladness avisando de su capacidad taponadora.

Como se podía barruntar, todo quedaba visto para sentencia en el largo de llegada. Y como no era descartable fue entonces cuando el Bilbao Basket se vio superado por la realidad. La del cansancio grapado a su fondo de armario. Dejó de pensar con claridad cuando los blancos más apretaban y tras presentarse con solo cinco pérdidas en ese juicio final cometió tres casi seguidas que los de Laso agradecieron y canjearon. Desde el empate a 68, al partido le sobraron cinco minutos. Los que paladeó el Real Madrid mutado en verdugo. Morir de pie fue más que un consuelo.

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