Ganar pasa por divertirse 99-74)

Ganar pasa por divertirse 99-74)
IGNACIO PÉREZ

El RETAbet pasa por encima del Joventut camino de una zona más templada y sin sobresaltos

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Ya llueve menos. Y no es una percepción pasajera. Aunque aún no está la cosa como para que guarde la ropa de abrigo, el RETAbet se siente más aliviado, ligero. Rechaza cualquier atisbo de verse encorsetado y le va cogiendo el gusto al juego. Anteayer, como quien dice, lo suyo era un sufrimiento total en la pista. La pescadilla que se muerde la cola, la falta de efectivos llevaba a la desconfianza, ésta a profundizar en las carencias, peligrosamente evidentes, y así se cerraba un círculo vicioso que atrapaba a los hombres de negro. En sus últimos capítulos la trama ha cambiado, la energía ha regresado al contador del equipo y si se pone por delante una pera en dulce como el Joventut pasa lo que pasa, que se va bien servido de Miribilla.

No podía fallar el Bilbao Basket en este sprint de la primera vuelta. Ha recuperado el respeto que había perdido cuando era anfitrión y Miribilla vuelve a hacerle sentirse poderoso. Mrsic tiene a toda su plantilla lista para el combate y se nota. Porque tiene dónde elegir y porque, de hecho, son los jugadores los que deciden el camino a seguir. Ellos mismos se lo ponen fácil al patrón a la hora de tomar las decisiones. Cuando sube el nivel, quien se queda atrás canta como un mirlo. Se nota demasiado, así que para evitar el contagio no hay más que acercarse a la mesa y pedir el cambio.

Le vino muy bien en esta jornada fundamental al RETAbet que Tabu repasara sus galones para que no le colgaran de las hombreras. Le debe el belga al equipo las consecuencias del tiempo perdido por su lesión. La ficha más alta del coro debe notarse y en esta ocasión así sucedió. Se echó el equipo a la espalda después de que fuera Hervelle el que abriera el melón badalonés con cinco puntos seguidos. Y tomó el testigo para poner coto prematuro a las esperanzas catalanas de igualdad. Firmó la declaración de guerra con sus puntos y Redivo no tardó en acompañar su rubrica como testigo. Un parcial de 15-0 (del 7-9 al 22-9) convirtió a los locales en claros dominadores en adelante de un partido que manejaron a su antojo.

Esta vez, Mrsic decidió con las rotaciones que era un momento provechoso para que Fischer recuperara también la demora que provocan las lesiones. Sacrificó a Javi Salgado y metió con calzador al brasileño hasta que fue sintiéndose cómodo en una horma que inicialmente no le ajustaba bien. Bajo su mando, el quinteto en pista derivó al cinco contra cinco y le puso en ciertos estadios de tensión, abonados por su deseo de demostrar, de querer hacer, lo que nunca es malo. Además, el choque apuntaba a carecer de posibilidad de regreso al equilibrio con lo que se convertía en un buen banco de pruebas.

Redivo seguía facturando, lo mismo que un Devin Thomas al que le gusta el showtime más que a un caracolero comer con las manos. Su furor sigue procurándole adelantamientos por la derecha a Gladness hasta en batallas tan desiguales como plantar cara a un gigante como Jerome Jordan. La tremenda efectividad del primer cuarto (10 de 14 en tiros de campo) mermó al tiempo que el Joventut sobrevivía como podía con una racha de cuatro triples y poco más. El balance al descanso hablaba de diez minutos explosivos grapados a otro tramo convencional. Y sin que dos especialistas en facturar como Mumbrú y Todorovic se hubieran estrenado aún. Balas en la recámara.

Tras el descanso la Penya se lanzó a un cambio radical en su filosofía. Visto que en el cuerpo a cuerpo a toda cancha iba a seguir desangrándose planteó concentrar su artillería en la pintura. Fueron los únicos instantes en los que Jordan campó a sus anchas y abrió, además, el juego, para que Ventura o Kulvietis le escoltaran. Duró esa rebelión hasta que el ajuste dejó sin espacio al jamaicano y Mumbrú abrió la veda. Se abrió un escenario en el que la seriedad de los hombres de negro empequeñeció a un Joventut desbordado, deshilachado, noqueado en lo físico y emocional. Un parcial de 20-0, sin que los badaloneses volvieran a anotar desde que lo hizo por última vez Jordan a 4’30 del final del cuarto, llevó el pulso al monólogo. Ya sin marcha atrás.

El resto sobró. El margen iba disparado hacia la cuarentena y si la renta máxima se quedó en 35 fue porque el relax imperó y las rotaciones dejaron un quinteto en cancha más cercano al compromiso que a la necesidad. Patrick Richard cargó con los bártulos de maquillaje mientras los más rezagados en la anotación bilbaína se ponían al día. Seis jugadores con dobles digítos en puntos, cinco aportándolos en valoración, que en el cómputo global llegó a los 112 créditos.

Sucedió todolo que se deseaba. Implicación, buen juego, momentos de brillantez, hombres dando pasos al frente, defensa con denominación de origen croata y una victoria que va acercando al Bilbao Basket a una situación en la que no necesite mirar cada dos por tres a los retrovisores.

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