RETAbet 77 - Montakit 83

Muy lejos de ser un equipo

Muy lejos de ser un equipo
Ignacio Pérez

El RETAbet reactiva las alarmas, ya de forma definitiva, ante un Fuenlabrada que supo bloquear su juego

JOSÉ MANUEL CORTIZAS

Un equipo sostenido por la Santísima Trinidad, que en el caso que nos ocupa la forman Salgado, Mumbrú y Hervelle. Sí, es una destilación extrema de lo visto en Miribilla, porque habría que rescatar la garra reñida con los fundamentos de Thomas o la apuesta por su físico y las distancias cortas de Hammink. Poco más. Es tan escasa la oferta de juego, de templanza, de encontrar soluciones a problemas más viejos que 'carracuca' que cualquier entrenador con dos dedos de frente que pase por el banquillo vizcaíno actuará en idéntica sintonía. Hay lo que hay. Va en el deber del inquilino la incapacidad de su grupo para leer líneas de pase, para ofrecerse sin quedarse neutralizado en una maraña de bloqueos, para defender situaciones de final de posesión que sólo pueden acabar de una manera, para, en definitiva, jugar al baloncesto. Esta tercera derrota consecutiva del RETAbet confirma qué futuro le espera. Quizá habíamos, todos, rebajado el nivel de alerta. Craso error. Hay que mantenerlo en la fase máxima de prevención y aviso.

Aquellas aguas traen estos lodos. Poco importa la creatividad y eficacia del chef si se encuentra la despensa sin la frescura deseada. Habrá partidos, rivales, que te lo pongan algo mejor o que ante ellos los recursos propios sean un valor determinante. Serán los casos menores. Esta Liga Endesa no se sabe si realmente ha aumentado su calidad. Lo que sí ha hecho es borrar las fronteras, limitar al máximo las castas. Están los gallos y el resto. La clase media y baja se confunden en el horizonte. Eso quiere decir que el tópico de poder estar a merced de cualquier rival adquiere sello de realidad. También en el sentido inverso, pero para ello se necesita un equipo armado, equilibrado, estable. Justo lo que quieren ser, pero no son, los hombres de negro.

77 RETAbet Bilbao Basket

(20+13+26+18): Tabu (12), Todorovic (7), Hammink (12), Hervelle (4) y Thomas (14) -cinco inicial-, Salgado, Redivo (1), Tomás (8), Mumbrú (19), Gladness y Fischer.

83 Montakit Fuenlabrada

(23+23+21+16): Vargas, Popovic (25), Eyenga (10), Smits (11) y Olaseni -cinco inicial-, Rupnik (5), Cruz (10), O'Leary (8), Sekulic (11), Llorca (3) y Chema González.

parciales:
20-23, 33-46 (descanso); 59-67 y 77-83 (final).
árbitros:
Fernando Calatrava, Juan de Dios Oyón y Javier Torres. Eliminados por faltas los visitantes O'Leary (m.38) y Smits (m.39)
Incidencias:
Partido correspondiente a la decimonovena jornada de la Liga Endesa disputado en el Bilbao Arena de Miribilla ante 8.348 espectadores, según la estadística oficial del partido.

Derrota ante un Fuenlabrada que supo siempre jugar a lo que más le convenía. No esperó a que el rival o el juego le condujeran a una filosofía. Llevaron la propia a buen puerto, la que adhirieron en las paredes del vestuario a modo de recordatorio para el repaso general. Agobio sobre el balón, cambios grandes sobre pequeños para minimizar la amenaza exterior y el provecho de las interminables ayudas locales en defensa para encontrar siempre un tirador liberado. Todo con el visto bueno de Popovic, un jugador que tiene un poco de quarterback, otro poco de receptor, mucho de líder y todo de decisivo. El guía espiritual de un 'Fuenla' que tiene a su sexto hombre permanentemente enchufado en la banda, con acento argentino y energía de jugador. Espectáculo, exigencia e incidencia directa en la voluntad de sus hombres. Néstor 'Che' García, máximo respeto y reconocimiento.

Cuesta desgranar partidos como el que nos ocupa. Salió adormilado el Bilbao Basket, despistado para cerrar los cortes, demorado llegando a puntear a los lanzadores liberados (cinco triples encajados en el primer parcial), espesísimo en ataque, adelanto de lo tremenda que le iba a resultar la matinal. Combatió con tiros libres la mejor disposición visita ante a la espera de que con las rotaciones Mrsic pudiera encontrar otro tono, un ritmo que no había y que su equipo necesitaba como un antídoto para evitar caer en estado de shock. Ni se imaginaba el vacío al que iban a precipitarse sus hombres.

Inestabilidad emocional

Porque en el segundo cuarto reventaron las costuras. El intento de que fuera Fischer el revulsivo duró dos minutos y medio. El brasileño tiene márgenes mínimos y su disposición anímica cae a plomo si sus primeras incursiones en el partido no son favorables. Tampoco lo fueron esta vez y ahí radicó parte de la inferioridad. Porque desde el banquillo se le volvió a dar la responsabilidad a un Tabu bloqueado. Él como portador de la bola y sus compañeros por ser incapaces de aliviarle. Es complicado cuando el belga está programado para, ante la dificultad, encerrarse en su caparazón y buscar una penetración al límite o un tiro de gracia. Visitó la línea de castigo, pero las tres canastas de campo sumadas en diez minutos son un déficit que lleva impreso su nombre al carecer de recursos para administrar el juego.

Ataques 'interruptus', parcial de 1-10 que en adelante fue decisivo. Porque los fuenlabreños, haciendo caja con sus hombres de banquillo, se hicieron con un margen vital para seguir a lo suyo y trastear con la inestabilidad emocional de los hombres de negro, que también salta a la vista. Mumbrú, quién si no, sostenía como podía a un equipo que se desmoronaba. No quiere despedirse como un perdedor. Y trató de hacer entrar en vereda a un grupo que no mordía,ni usaba las manos sobre el balón, nada. Al contrario. Posesiones con dos botes seguidos en el pie del portador, finales ajustados en los que con tres segundos y el balón a nueve metros de la canasta sólo es posible un triple y se permite su lanzamiento con un tímido punteo en lugar de alzar un muro ante el tirador. El triplazo de Popovic cuando ingresó en el campo para jugar los dos segundos previos al descanso lo resume todo.

El público había aplaudido la llamada a filas de Javi Salgado, frío y errático en el manojo de posesiones en que participó antes del intermedio. En la reanudación, junto a Mumbrú y las idas y vueltas de Hervelle, logró asentar al RETAbet y Devin Thomas añadió gas al preparado. La terna arbitral tenía un concepto muy creativo del criterio y los hombres de negro, picando piedra recortaban distancias.

Se acercaron a cuatro puntos (67-71) propulsados por Mumbrú y Thomas, ambos ya desatados. Estrecharon el lazo hasta el 75-78 que mostraba el luminoso adentrándose en el minuto final. Pero un tal Marko Popovic, que no pasa por ser un desconocido, orló su gran partido con un triple que acabó con la vida de un grupo al que le falta mucho para reconocerse como equipo.

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