La dolorosa y cruda realidad

Thomas Heurtel, del FC Barcelona Lassa, intenta avanzar perseguido por Jonathan Tabu, del Retabet Bilbao Basket./EFE
Thomas Heurtel, del FC Barcelona Lassa, intenta avanzar perseguido por Jonathan Tabu, del Retabet Bilbao Basket. / EFE

Un RETAbet sin alma se abona a los 90 puntos en contra a domicilio ante un Barcelona al que hizo inmensamente feliz

José Manuel Cortizas
JOSÉ MANUEL CORTIZAS

De donde no hay no se puede sacar. Frase popular lapidaria que va acercando su significado a la cruda realidad que vive el RETAbet. Mientras en casa ha ido trampeando como ha podido, con algunos síntomas de mejoría que quedan difuminados con el paso del tiempo y el retorno a las derrotas, lejos de Miribilla se muta en víctima propiciatoria y ni le sirve como atenuante que desde que llegó Veljko Mrsic sólo haya visitado las canchas menos accesibles de la Liga Endesa. Perder y cómo hacerlo son dos circunstancias en la que la gravedad tiene relación directa con la imagen dada. Carece de defensa sufrir la séptima mayor diferencia en su historia ACB (32), agravada -todo va de la mano- con la decimoquinta menor anotación (58).

Menos mal que los de abajo siguen empecinados en comprar boletos para jugar el próximo curso en la LEB. Porque no mejora en absoluto la pinta de este Bilbao Basket que mostró en el Palau el catálogo de carencias que le convierte en una bicoca incluso para un rival depresivo como el actual Barcelona. Tanto que los culés pasaron por encima de los vizcaínos jugando con libertad, sin ataduras tácticas. Quien quiera ver la mano de Pesic en este ‘cambio’ ya puede hacérselo mirar. El viejo profesor, más allá de seguir en pie el partido, fue un mero testigo, un espectador que ni lograba hacer llegar sus inquietudes al equipo en los tiempos muertos. Los jugadores le escuchaban con devoción, pero en cuanto callaba buscaban la interpretación en el compañero.

Enfrente, un Bilbao Basket con los problemas de siempre. Mal asunto cambiar algo tan perceptible para lo que sigue sin encontrarse antídoto. Apelando a los tópicos en la víspera, Pesic dio en la diana sin pretenderlo. Definió el juego de los hombres de negro como «lógico». Exacto. Y eso convierte su modus operandi en predecible, probable, pronosticable, imaginable, presumible... y si eso sucede estás muerto en vida encerrado en una cancha de baloncesto. Es como si Mrsic hubiera heredado un coche en el que la matrícula va provista de neones; imposible pasar desapercibido.

En este mundo del scouting permanente, de las pestañas quemadas ante el vídeo, en cuanto alguien –de verdad que no es difícil en este caso– da con la tecla sobre cómo maniatar al RETAbet desde la presión y carga sobre Jonathan Tabu, la película carece de emoción. Se sabe, sin lugar a error que el mayordomo es el asesino y en consecuencia se consume el metraje sin sobresaltos ni esperanza de giros o sorpresas. Traducido al juego, secar el caudal del base belga conduce a que necesite colaboración hasta para subir la bola y romper la primera línea de juego. Todo ello a cámara lenta, consumiéndose segundos valiosos. Hablamos de ataque, de opciones de anotar en un trayecto que va de lo complejo a lo remoto. Primera consecuencia, el cinco en pista se aleja del aro. Segunda, como no tenga su día en el tiro exterior, está muerto.

90 Barcelona

(23+12+27+28): Heurtel (12), Ribas (12), Sanders (7), Moerman (12), Tomic (12) -cinco inicial-, Pressey (6), Hanga (8), Vezenkov (5), Oriola (10), Koponen (4), Claver (-) y Navarro (2).

58 Bilbao Basket

(14+13+10+21): Tabu (4), Todorovic (5), Hammink (12), Hervelle (4), Gladness (4) -cinco inicial- Fischer (4), Mendia (-), Redivo (10), Tomàs (4), Vucetic (4) y Mumbrú (7).

Árbitros
Antonio Conde, Luis Miguel Castillo y Andrés Fernández. Eliminaron por cinco faltas personales a Koponen (min.28).
Incidencias:
Partido de la 19ª jornada de la Liga Endesa disputado en el Palau Blaugrana ante 5.567 espectadores.

Y vaya por delante que la responsabilidad del internacional belga no es patrimonio exclusivo. Pero el juego apunta a quien apunta. Cierto que encontrar solidaridad entre los suyos es cada vez más remoto y son las ataduras, no la voluntad o, las que obligan a que sean los Redivo, Todorovic o Mumbrú quienes suban la bola y asuman el testigo de intentar organizar los sistemas con el tiempo limitado a un puñado de segundos, franja en la que se suelen confundir las ansias y las prisas.

Malabares

Y suele suceder que las desgracias no llegan solas. En el Palau, con la baja de última hora de Thomas, y Gladness con unos ropajes que le convierten tras su lesión en un jugador desconocido por limitado, una jugada accidentada en pos de un rebote llevó a Hervelle a la banda con el pómulo derecho abierto. Dicho de otro modo, eran pocos y le parió la abuela a Mrsic, al que tocó hacer malabares alterando su plan de rotaciones interior, en el que tampoco tiene prácticamente dónde elegir. Aunque el belga regresó al juego en el segundo cuarto, el Barcelona había aprovechado para ventilarse ya el partido.

Entre Heurtel y Pau Ribas jugaron a los cubiletes con un Bilbao Basket que desarrolló a la perfección el papel de incauta presa. Trileros diciendo por aquí-por allá, y hombres de negro incapaces de adivinar bajo qué vaso estaba el haba. Un parcial de 9-0 llevó el marcador a un 16-6 que unánimemente fue entendido como la resolución de la ecuación. Puede parecer extremadamente simple, pero en absoluto lo es. Con esos guarismos, restando 35 minutos, se sabía que la suerte estaba echada. No forman los de Miribilla un grupo que transmita confianza, menos aún frente a un oponente absolutamente superior, cuya plantilla borra del mapa a la vizcaína por mucho que la blaugrana se arrastre por Europa.

Datos para la decepcionante previsión. Sólo tres puntos del quinteto titular en el primer cuarto. Recurso zonal que no da fruto. Se acercaba el descanso con 31 puntos encajados y el RETAbet sólo había gastado tres faltas. Cuando lo necesitó, el Barça activó a Tomic (20 de valoración en 14 minutos con su semigancho como recurso). Carencia absoluta de alma, más allá de las limitaciones asumibles. Una secuencia anotadora hasta el minuto 30 de 14-13-10. Y otros 90 puntos encajados, marca siempre alcanzada o superada por los rivales como locales en la etapa de Mrsic. También el técnico se ve superado, aunque confía en la tregua que le va a dar el calendario. No por los parones, sino por la llegada de jornadas más asequibles. Aunque es mucho decir para un equipo que vuelve olvidarse de lo que es ganar.

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